Anaïs Nin
(Febrero 21, 1903 – Enero 14, 1977)
Anaïs Nin nació en Neuilly, Francia, en 1903 y vivió parte de su adolescencia en Cuba. Fue hija del famoso compositor y pianista cubano-español Joaquín Nin y de Rosa Culmell.
La escritora vivió parte de su infancia y adolescencia entre La Habana, Barcelona y New York. En New York, ya adolescente, se hace modelo y bailarina de flamenco: “Yo sola logré salir del catolicismo, de la burguesía de mi madre, del ambiente estúpido de la vida americana en Richmond Hill. A solas encontré a D.H. Lawrence. A solas lo situé críticamente. Así también encontré a Henry”. En 1931, y junto a su esposo Hugh Guiler, se va a vivir a Louveciennes, un pueblecito cercano a París. Es allí donde escribe su primer libro, un corto ensayo sobre D.H. Lawrence. En esa misma época conoce a Antonin Artaud, a Moricand, a Lawrence Durrell y a Gonzalo More, peruano exiliado en París y revolucionario de izquierda, quien trata, sin éxito, de introducirla en la teoría marxista, pues Anaïs manifiesta un total y absoluto despego y aborrecimiento hacia la política. De acuerdo a su visión, ésta se encuentra podrida hasta la raíz, pues en vez de basarse en lo humanitario, lo hace en lo económico. Como contrapunto al odio, al poder y al fanatismo ella propone el amor y la creación, a pesar de “la locura del mundo”.
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Sor Juana Inés de la Cruz
Sor Juana Inés de la Cruz
(1651-1695)
Hija de padre vasco y madre mexicana, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nació en 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla, Amecameca. Se crió con su abuelo materno, que tenía una gran biblioteca con muchos libros clásicos entre los que Juana adoraba pasar el tiempo. Su genio se manifestó desde temprana edad: habiendo estudiado apenas las primeras letras en Amecameca, a los tres años ya sabía leer, a los siete pedía que la mandaran a estudiar a la Universidad y a los ocho escribió una loa para la fiesta de Corpus. Cuando trabajó en la Corte, a los 16 años, fue considerada una niña prodigio. Aunque se la conoce principalente por su obra literaria, Juana escribía sólo para mantenerse económicamente. Lo que realmente le apasionaba era el aprendizaje y el debate.
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